El conocimiento científico refleja el mejor estado de conocimiento disponible en cada momento.
Nuevos datos, mejores métodos o una interpretación científica distinta pueden hacer necesario confirmar, precisar, matizar o corregir valoraciones anteriores. Por eso nunca consideramos una valoración al margen de su contexto concreto.
Lo decisivo no es únicamente que un estudio comunique un resultado positivo. Examinamos, entre otros aspectos, el diseño del estudio, la población, la forma de la sustancia o del producto, la dosis, la duración, el grupo de comparación, los criterios de valoración y las limitaciones metodológicas. La evidencia mecanística y la clínica se mantienen separadas: un mecanismo biológicamente convincente no demuestra por sí solo un beneficio para la salud en seres humanos.
Para nosotros, la integridad científica significa emitir un juicio tan claro como lo permitan los datos y señalar con la misma claridad dónde termina la solidez de la evidencia que aportan.